“El aula y las competencias”

Escrito por 

Autor: Marc A. Ledesma Bitzer

Tan popular como errada resulta la creencia de que para el “gallito” del curso, el estudiar Derecho forma parte ineludible de su ADN. Sin embargo, no puede negarse que el debatir y la capacidad argumentativa, se erigen como ingredientes sine qua non del buen abogado. No se trata de que el abogado haya de ser un genio, pero, necesariamente, todo buen jurista debe cultivar —al menos—  tres grandes virtudes: la litigación no sinónimo de pelear—, la buena redacción y su capacidad de investigación.

Por supuesto, desde antaño el aula ha sido el hábitat por excelencia para la formación de los abogados y, para ser justos, de prácticamente todos los profesionales en general. Allí se han pulido aquellos grandes expertos que han moldeado nuestra sociedad. Pero más allá de ello, en este breve espacio buscamos resaltar que existe una esfera en la que las mencionadas virtudes se pueden desarrollar conjuntamente: en las competencias. No nos referimos a las competencias en sentido amplio, sino a los llamados moot courts o tribunales simulados.

Sin intención alguna de caer en un cliché, el participar en competencias no se trata tan sólo de ganar o de lo mucho que le sumaría a tu CV. Más bien, sucede que en estos tribunales simulados es donde realmente se conjuga la teoría con la práctica y se pone a prueba lo que es el verdadero ejercicio del Derecho. En definitiva, es una oportunidad anticipada de saborear la verdadera práctica jurídica, al margen de esos ideales que siempre cargamos en lo más profundo de nuestro ser.

Por un lado, el primer reto al que se enfrentan los participantes surge durante el proceso de redacción de memoriales, en el cual deben desarrollar tanto la escritura como la capacidad de investigación. Durante un período de tiempo relativamente breve, los estudiantes se ven forzados a profundizar en controversias jurídicas de altísima complejidad. Pero más aún, verse en la encrucijada de tener que litigar, para sobrevivir por 1 hora y 30 minutos el intenso bombardeo de preguntas venenosas que a los jueces o árbitros se les pudiesen ocurrir para derrumbar tus argumentos; definitivamente, no es una experiencia que el salón de clases pueda brindar.

Las competencias están; la falta de oportunidad no es una excusa. Como una primera opción, se encuentran las competencias internacionales Philip C. Jessup International Law Moot Court Competition y Competencia Internacional Víctor Carlos García Moreno; las cuales se han convertido prácticamente en una costumbre para las principales Escuelas de Derecho de nuestro país. Pero de igual modo, existen otras competencias. Están en materia de arbitraje: la Willem C. Vis International Commercial Arbitration Moot —en la cual tuve la oportunidad de participar este año— y la Competencia Latinoamericana de Arbitraje; así como, en el plano nacional, la Competencia Dominicana de Derecho Internacional sobre Procedimiento ante la Corte Internacional de Justicia (CODOCIJ), entre otras.

De todas las experiencias vividas que recojo de mi reciente participación en la mencionada Vis Moot, hay un factor que, sin lugar a dudas, me marcó profundamente y deseo compartir: el nombre de tu universidad no hará que pases a la siguiente ronda. Recuerdo cuando estimábamos que ciertas famosas universidades, prácticamente, de pleno derecho avanzarían a las fases finales; pero para nuestra sorpresa, no fue así. La causa principal consistió en que muchas, manejaban la teoría con solidez, pero sus habilidades de litigación dejaban mucho que desear. Y es que, en estos tribunales simulados se compite en un plano de incuestionable igualdad, donde cada equipo participante debe probar su valor. Ciertamente, ello nos motivó aún más a participar en una siguiente edición y con mayor importancia, a incentivar a nuestros colegas para que hicieran lo propio.

El trabajo es arduo, pero pocas han sido las personas que luego de participar en una de estas competencias, no se animan a buscar otra oportunidad de participación —claro, después de digerir todo el estrés y las malas noches acumuladas. El estudiante de Derecho tiene hoy la oportunidad de formarse en el aula, pero también de complementar su preparación, al explotar el potencial de sus habilidades en las competencias; sin embargo, dependerá de cada quien el aprovechar estas oportunidades o no.

Finalizo con una interesante frase, de la cual su autor se desconoce:

“Hay 3 cosas en la vida que se van y no regresan jamás: las palabras, el tiempo, y las oportunidades.”