El rol del Derecho Internacional frente al Cambio Climático

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Autor: Román Arciniega 

Abogado egresado de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en México. Cuenta con estudios de Maestría en Planificación Económica y Desarrollo Local por la Universidad de Paris 1 Panteón-Sorbona y es titular de un Master Internacional en Desarrollo Territorial Sostenible por las Universidades de Padua, KU Leuven, Paris 1 y UCDB. Así mismo, tiene un certificado en Gestión Turística de Sitios Patrimonio Mundial por la UNESCO y ha participado en diversos proyectos de análisis territorial, sostenible y científico en Italia, Bélgica, Francia, Brasil y EUA. Sus principales áreas de investigación incluyen el derecho ambiental internacional, desarrollo sostenible, ciudades inteligentes, economía verde, cambio climático y derechos humanos.          

 

El 12 de diciembre 2015 fue firmado el llamado ‘Acuerdo de Paris’ al seno de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Dicho acuerdo tiene como objetivo emprender acciones conjuntas para mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de los 2°C. Este documento, fuente del derecho internacional, es de suma importancia considerando la grave crisis climática que actualmente se vive a nivel global, y que ha traído graves consecuencias en diferentes partes del mundo en términos humanos, económicos y medio ambientales. El rol del derecho, en ese contexto, es indispensable para armonizar políticas públicas locales que permitan alcanzar objetivos comunes a nivel mundial.

Cabe mencionar, que como tal, el tópico del cambio climático ha sido polémico y político desde sus inicios. Por un lado se han manifestado fuertemente los partidarios al fenómeno, y por el otro, también lo han hecho los opositores. No obstante, cualquiera que sea la posición que tomemos, lo cierto es que el tema ha abierto una nueva puerta para pasar de una economía basada principalmente en energías fósiles, a una de energías renovables “más respetuosa del medio ambiente”. Y es que, está previsto que de no cambiar el modelo económico actual, la temperatura media de la Tierra podría aumentar hasta 6 ° C para el año 2100 trayendo graves consecuencias para la vida en el planeta.

Por ello, el denominado ‘Acuerdo de Paris’, es un instrumento jurídico sin precedentes que pone como eje central cambiar, de cierta manera, el modelo económico actual. La transición energética, que en la forma actual es la causante principal de los gases de efecto invernadero que propician el calentamiento global – según los científicos, es al mismo tiempo una nueva oportunidad de justicia para la sociedad mundial y el planeta. Las energías renovables, quizá la parte de mayor relevancia de una ‘economía verde’ en transición, resultan ser más incluyentes de los recursos locales, tanto en términos humanos como naturales, promoviendo así la participación social, generación de empleos y valorización del capital natural.

Sin embargo, no todo lo que brilla es oro, y el ‘Acuerdo de Paris’ es ambiguo en varios puntos clave que representan el éxito de una transición efectiva y justa. A manera de ejemplo, la innovación tecnológica es un elemento clave que no queda claro en el acuerdo para la implementación efectiva de las energías renovables. De esta forma, la tecnología queda al arbitrio del mercado, la cual depende de quien tiene el capital para investigar y desarrollarlo, y después venderlo a quien lo necesita. 

Es por lo anterior, y sin el afán de ser proteccionista que el rol del derecho a nivel internacional debe estar encaminado a establecer reglas que propicien una transición justa en términos sociales y ecológicos. El desarrollo e implementación de las energías renovables debe estar enfocado en el desarrollo de las ciencias y tecnologías nacionales, que permitan a los países ser verdaderamente independientes en materia energética. Esto, en evidencia, toca puntos sensibles de los principios del comercio internacional, pero es ahí donde el rol del derecho debe tener injerencia y propiciar, antes que al mercado, los derechos de las personas y la soberanía de las naciones.

El ‘Acuerdo de Paris’, entonces, es un punto a favor en la batalla por un medio ambiente sano, y también es un considerable avance en términos de justicia social y ambiental. Sin embrago, esto son apenas los cimientos, y es tarea de todos, incluyendo a la ciencia del derecho, dar su correspondiente contribución para un resultado efectivo. El cambio climático sea quizá la oportunidad más próxima para corregir la economía, y en ese sentido, la sociedad y el derecho deben jugar responsablemente su rol para exigir que los beneficios lleguen a donde verdaderamente debe llegar.